Subir el primer escalón en la aproximación a la figura de José Val del Omar en esta segunda edición del Festival Nuevo Cine Andaluz de Casares no va a resultar una tarea sencilla. Desde su inestimable contribución a las Misiones Pedagógicas de la República, pasando por la producción cinematográfica que integra el Tríptico Elemental de España, como con sus numerosos inventos y reflexiones en torno a la técnica, la mística y la poesía del cine -la mecamística-, la obra y poética de esta figura inclasificable de la historia del cine español requiere un acercamiento más profundo del que podamos otorgarle desde esta pequeña localidad malagueña, que es Casares. Sin embargo, nuestro Festival confía en aportar modestamente la semilla necesaria para que cada cual emprenda este extraordinario y necesario viaje en la intimidad; el reconocimiento que merece.

Jose Val del Omar_EnoscopesNacido en Granada en 1904, el primer contacto de José Val del Omar con la técnica cinematográfica ocurre cuando, tras un viaje a París, asiste hacia 1925 a la proyección de una película, El niño de oro. Es entonces cuando siente el impulso de dejar atrás su trabajo como vendedor de coches para comprar una cámara de 35mm con la que rueda su primer trabajo. Una máxima definirá toda su obra desde entonces: se naufraga siempre. Así, tras destruir esta primera película, el suyo será un camino en constante evolución y en permanente búsqueda, un camino sin fin.

Ingresa en las Misiones Pedagógicas de la República tras ser presentado por Federico García Lorca a Manuel Bartolomé Cossío, director del proyecto. En 1931 formará parte ese equipo de literatos, poetas, músicos o maestros entre los que estaban el propio Lorca, Luis Cernuda, Carmen Conde, Miguel Hernández, María Zambrano, Rafael Dieste o Alejandro Casona, quienes generosamente llevaron la cultura a los pueblos de la España rural durante la II República. Val del Omar se convierte en responsable de cinematografía y documentación gráfica de estas Misiones. Suyos son los documentales –la inmensa mayoría desaparecidos- y miles de fotografías de gran valor etnográfico que dejan constancia de esta moderna experiencia pedagógica de la cultura popular española.

Tras la Guerra Civil sigue vinculado profesionalmente al mundo de la comunicación sonora y el cine. A propuesta de la Jefatura Provincial de Propaganda monta en Valencia a finales de 1939 el primer Circuito Perifónico de España, una red de treinta y cinco altavoces distribuidos en distintos lugares de la ciudad para difundir mensajes institucionales y doctrinales, música y publicidad creativa comercial; una polución sonora infernal que le llenará en el futuro de pesadumbre, al sentirse uno de los fundadores de esa cretinización colectiva.

En 1941 trabaja en los Estudios Chamartín como fotógrafo de rodaje. Sin embargo, tras cuatro años de colaboraciones con la industria cinematográfica, no se conforma con ese destino e inicia a partir de entonces un inacabable camino de investigación y experimentación con la técnica audiovisual hasta el final de sus días. De ese camino sin fin surgen los trabajos que integran su Tríptico Elemental de España, desarrollados en torno a tres elementos esenciales: al agua (Aguaespejo granadino, 1953-1955), el fuego (Fuego en Castilla, 1958-1960) y el barro (Acariño Galaico, 1961-1981-82 y 1995).

Inventor, poeta, visionario, humanista, místico y también náufrago, víctima de la incomprensión en un país culturalmente cerrado, sus avances tecnológicos –la Diafonía, la TáctilVision, el Desbordamiento Apanorámico de la imagen y hasta sesenta invenciones más- chocan permanentemente con técnicos, funcionarios o empresarios que no alcanzan a entender el fin último que persigue Val del Omar: la transcendencia del cine como medio en una búsqueda espiritual que es la suya propia y que pretende también para el espectador.

1961, el mismo año en que la película Viridiana de Luis Buñuel, ignorada por la dictadura de Franco, recibe la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes como mejor largometraje, la obra Fuego en Castilla, de José Val del Omar, también lo obtiene en la categoría de cortometraje. Este reconocimiento internacional en nada cambiará el olvido, desinterés y abandono que seguirá sufriendo en España este cineasta andaluz, que entronca la tradición mora de su Granada natal, la mística de San Juan de la Cruz, las vanguardias históricas de la Generación del 27 y el cine experimental de los años 60 y 70.

Un accidente puso fin a su vida en 1982. Llevaba 40 años muriendo, escribirá su hija María José en una nota periodística a raíz de su fallecimiento. Pero la muerte no es la última palabra; el Festival Nuevo Cine Andaluz de Casares así lo cree y le brinda para esta segunda edición este merecido homenaje.